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Regolito es el término usado para referirse a la capa de materiales no consolidados que descansan sobre roca sólida. Es decir, son todos aquellos fragmentos de roca, minerales y otros depósitos superficiales, que no forman aún un suelo. Por tanto, el regolito en sí es algo que también existe en la Tierra y en otros cuerpos del Sistema Solar. No obstante, es un término que se asocia frecuentemente a la Luna (regolito lunar).

La superficie lunar está cubierta por regolito, que puede definirse como el manto de fragmentos de roca y minerales poco compactos que cubren un fondo rocoso sólido. Dicho de otro modo, el regolito es ese fino polvo gris que recubre toda la superficie de la Luna. Es precisamente gracias a esta capa de polvo que podemos ver tan marcadas las huellas de los astronautas en la Luna.

Huella de Buzz Aldrin marcada en el regolito lunar, Apollo XI

¿Cómo se forma el regolito?

El regolito lunar está formado fundamentalmente por basaltos (feldespato, plagioclasa, piroxenos con o sin olivino y otros minerales). Además, se estima que contiene entre un 1-2% de material procedente de meteoritos. En cuanto a su ubicación, parece ser que la profundidad media del regolito en las zonas de los mares lunares alcanza los cuatro o cinco metros, mientras que en las zonas correspondientes a las regiones montañosas puede llegar a alcanzar los diez o incluso más metros.

El regolito lunar puede tener diferentes orígenes: el bombardeo de meteoritos y micrometeoritos, la radiación solar o la gran variación de las temperaturas entre el día y la noche. Esta variación térmica es tan grande (llegando a 120º C en zonas iluminadas por el Sol y bajando hasta -150º C en zonas de sombra), que hace que las rocas se fragmenten y se conviertan en polvo.

Un peligro para los seres humanos

El regolito lunar está formado por partículas extremadamente finas, de tonalidad oscura y con gran capacidad abrasivas. Por ejemplo, el tamaño medio de las partículas recogidas por las misiones Apolo era de 70 micras. Aunque pueden existir partículas desde 0,01 micras hasta 800 micras. Son precisamente las más pequeñas las que suponen un mayor riesgo para los seres humanos, ya que el regolito puede provocar:

  • Oscurecimiento de las superficies, lo que lleva a un aumento considerable de la radiación térmica.
  • Desgaste de superficies metálicas, juntas y uniones.
  • Pueden causar efectos negativos en los revestimientos de las juntas que se utilizan para sellar el equipamiento del vacío del espacio, en lentes ópticas, paneles solares, ventanas y en el cableado.
  • Posibles daños a los pulmones y los sistemas nervioso y cardiovascular de los astronautas.
  • Algunas partículas también pueden resultar altamente tóxicas, provocando inflamaciones crónicas en las vías respiratorias, edemas, fibrosis y, quizá, hasta cáncer. Por si esto no fuera suficientemente serio, es muy probable que aparezcan problemas cardiovasculares tras pasar las nanopartículas al torrente sanguíneo.

Estos problemas pueden resultar muy graves en caso de futuras misiones tripuladas a la Luna. Hasta ahora se pensaba que el único efecto adverso del regolito era la aparición de un olor parecido al de la pólvora, según cuentan los propios astronautas del Apollo. Sin embargo, los tripulantes registraron malestares pasajeros en ojos, piel y vías respiratorias, provocados seguramente por el regolito lunar.

Roberto Bravo

Roberto Bravo

Astrónomo de afición y emprendedor de profesión. Paciencia, ganas y un puntito de locura han sido necesarias para desarrollar este proyecto desde sus inicios en 2009. Más de diez años después, continúo con aún más fuerza esta preciosa andadura.

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