¿Sabías que si el Sol se convirtiese de repente en un agujero negro la mecánica celeste de nuestro sistema solar no variaría en absoluto?

No, nuestra Tierra no sería engullida, ni tampoco saldría despedida de su órbita. Los planetas y cuerpos de nuestro “barrio galáctico” continuarían su recorrido eterno como si nada hubiese ocurrido; si bien es cierto, no recibiríamos ningún tipo de radiación electromagnética, ya que los agujeros negros no la emiten (a excepción de la radiación de Howking), haciendo imposible la vida tal y como la conocemos en nuestro planeta.

Agujero negro de una masa solar en el lugar que ocupa el Sol. Simulación realizada con el programa Universe Sandbox

Hay que tener en cuenta que para que una estrella se convierta en un agujero negro estelar ha de tener un mínimo de unas 20 masas solares (evidentemente nuestro Sol nunca podría), hecho que se produce después de una “explosión” de supernova de tipo II, cuya onda de choque probablemente destruiría, sino todo, gran parte del sistema estelar en cuestión.

Independientemente del tamaño, la densidad o la naturaleza de los objetos, la masa es la responsable de la ligadura orbital de los cuerpos entre sí. Un hipotético agujero negro creado a partir del Sol, con la misma masa de éste, tendría unos 5 kilómetros de diámetro (el diámetro del Sol es de 1,4 millones de km.), pero su atracción gravitatoria sería la misma.

A una escala mucho mayor, el agujero negro supermasivo situado en el centro de nuestra galaxia —con permiso del papel que desempeña la materia oscura en este marco— es el responsable de mantener unidas toda la ingente cantidad de estrellas que lo orbitan, incluyendo a nuestro Sol y a nosotros mismos con él.

Leave a Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.