Carrito

Cuando miramos hacia el cielo vemos cientos o miles de estrellas como nuestro Sol. Pero si las vemos tan pequeñas y débiles es porque están muy lejos, a años luz de distancia. Pero, ¿qué es un año luz?

En astronomía estamos acostumbrados a utilizar medidas de distancia como el segundo-luz o el año-luz, pero mucha gente piensa que son unidades de tiempo. Sin embargo, un año-luz es la distancia que recorre la luz en un año. Por tanto, aunque hablemos de tiempo (en este caso, de años), en realidad estamos calculando distancia; la distancia que recorrerá la luz en ese tiempo.

¿A cuánto equivale un año-luz?

La luz viaja en el vacío a 299.792.458 metros por segundo. Para hacerlo más sencillo, muchas veces decimos que la velocidad de la luz es de aproximadamente 300.000 km/s. Por tanto, si calculamos los segundos que hay en un año y los multiplicamos por la velocidad de la luz, sabremos a cuántos km equivale un año luz.

El resultado de esta cuenta es de unos 9,5 billones de kilómetros: 9.460.730 472.580 km. Esa es la distancia en km a la que equivale exactamente un año-luz.

Como puedes imaginar, esta unidad en ocasiones puede resultar demasiado grande, por lo que utilizamos otras fracciones de tiempo. Por ejemplo, el Sol está a unos 150 millones de kilómetros de la Tierra, o lo que es lo mismo, a unos 8 minutos-luz. La Luna, por su parte, está a unos 380.000 km o, lo que es lo mismo, 1,3 segundos-luz.

Un viaje en el tiempo

Que la luz tarde un tiempo significativo en recorrer estas distancias tan grandes implica que las estrellas que estamos viendo constantemente imágenes del pasado.

En el caso del Sol, vemos su imagen con tan solo 8 minutos de desfase. Pero en el caso de las estrellas, estamos viendo cómo eran hace cientos o miles de años. De hecho, puede que estemos observando la luz de estrellas que ya hayan explotado. O que aún no veamos la luz de estrellas que ya se han formado.

En este artículo os contamos cómo observar el firmamento es lo mismo que viajar hacia atrás en el tiempo.

Roberto Bravo

Roberto Bravo

Astrónomo de afición y emprendedor de profesión. Paciencia, ganas y un puntito de locura han sido necesarias para desarrollar este proyecto desde sus inicios en 2009. Más de diez años después, continúo con aún más fuerza esta preciosa andadura.

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