Vamos a comenzar este artículo con una afirmación que nadie me podrá rebatir: el planeta Marte es rojo. ¿O quizás sí podríamos debatir sobre ello?

El planeta Marte es rojo. O al menos así descansa en el imaginario colectivo. Pero  ¿Es rojo de verdad? En nuestras actividades siempre es un tema de debate. Cuando avisas de que en la observación de hoy vamos a poder contemplar Marte, todo el mundo espera emocionado observar una pelotita de color rojo intenso. Sin embargo, al acercar el ojo al ocular llega la decepción. «No es rojo», dice mucha gente mientras me mira con cara de incredulidad. Efectivamente, no es rojo, o al menos nuestro ojo no lo percibe como tal, es más bien… de un tono anaranjado. Pero ¿Podemos fiarnos de lo que nuestros ojos ven? Sin duda hablar de «color» es un tema complejo y en gran medida subjetivo.

¿Qué es el color?

Para poder dar una respuesta empecemos por definir qué es el color, porque es un concepto con mucha miga. Podríamos decir que el color es una percepción que interpreta nuestro cerebro al recibir los impulsos nerviosos que mandan los fotorreceptores (conos y bastones) que tiene la retina de los ojos, al ser estimulados por las distintas longitudes de onda que reflejan los elementos que nos rodean.

Nuestra visión está limitada a lo que conocemos como el «espectro visible» que alcanza las longitudes de onda comprendidas entre los 390 y los 750 nm. Por encima y por debajo hay una grandísima variedad de longitudes de onda que nuestro ojo no es capaz de observar, esos «colores» son invisibles para nosotros pero están ahí.

Entonces, volviendo a nuestro ejemplo ¿Marte es rojo? La respuesta corta es sí, pero aquí has venido a aprender así que mejor vamos con la respuesta larga.

La respuesta larga

Podemos determinar el color de un planeta por observación directa a través de un telescopio. Es tu propio ojo, con ayuda de unas lentes y/o espejos (con más o menos cromatismo) los que ven en directo la imagen de los planetas (Los visibles, claro) y con buena vista puedes determinar su color. De esta forma estamos un poco limitados a que las condiciones de la atmósfera sean las adecuadas, que el telescopio esté correctamente calibrado y… que tu vista sea fiable.

La segunda opción son las fotografías. Podemos conseguir imágenes de los planetas a través de fotografías realizadas en telescopios terrestres, telescopios espaciales o en sondas. Pero ¿Podemos fiarnos de las imágenes tomadas por las cámaras? Aunque las cámaras están concebidas para captar los colores tal y como lo hacen nuestros ojos, rara vez resultan 100% fiables. De hecho todo el que haya hecho un poco de astrofotografía sabrá que las imágenes requieren un procesado y que en este se pueden modificar los colores, cambiar su intensidad, saturación…

Fuente: NASA, ESA, and The Hubble Heritage Team

Con toooda esta explicación la idea que debe quedarnos clara es que es difícil saber con una seguridad plena color real de un planeta, aún así, gracias a estas y otras herramientas podemos acercarnos a la realidad. Entonces ¿Marte es rojo?

Podríamos decir que tiene una tonalidad ocre, con fuerte carga de marrones, naranjas y rojos, pero en resumen y para simplificarlo mucho sí, es rojo. Y ese color que apreciamos está determinado por la alta presencia de óxido de hierro en su superficie y por la tenue atmósfera que lo rodea.

¿Y de qué color son el resto de planetas? Pues vamos a ir viéndolos uno por uno.

 

Imagen de mercurio tomada por la sonda Messenger en 2.008 – NASA

Mercurio

Al ser un planeta interior y estar tan cerca del sol no tenemos muchas imágenes de él. Bepicolombo ya está en camino para estudiar más detalles de Mercurio y esperamos sus imágenes con impaciencia. Mientras podemos servirnos de las fotografías tomadas por la sonda Mariner 10 y la sonda MESSENGER enviadas por la NASA.

Mercurio comparte muchas similitudes con nuestra luna. Dispone de una superficie rocosa, de color grisáceo, plagada de cráteres y eyectas producidos por los continuos impactos de asteroides. La atmósfera de Mercurio es tenue, de hecho es tan tenue que no se la considera ni siquiera atmósfera.

 

Fotografía de Venus por la sonda Mariner 10 de la NASA. Color real.

Venus

Cuando observamos Venus por el telescopio vemos un puntito brillante de color azul blanquecino. Sin embargo su color real es un tanto diferente. De Venus debemos aclarar que se trata de un planeta rocoso con una atmósfera muy densa de dióxido de carbono, dióxido de azufre y nitrógeno. Debido a esta capa de nubes el color que percibimos a través de la fotografía realizada por la sonda Mariner 10 de la NASA es un tono amarillo pálido, pajizo, con una franja blanquecina en el polo superior. 

La superficie rocosa del planeta no sabemos con certeza de qué color es pero sí se sabe que está formada por rocas basálticas ígneas y se puede teorizar que sea de un tono grisáceo.

Imagen de Júpiter tomada por la sonda Cassini.

Júpiter

La grandiosidad del planeta Júpiter nos permite observar sus colores a través del telescopio. Bandas blancas y franjas marrones se combinan en un baile sinuso de formas que nos recuerdan a una obra de arte moderno. Tenemos muchas imágenes de sondas que nos muestran la atmósfera del planeta.  Los colores están marcados por la composición química de las nubes que lo conforman. El color rojizo viene dado por un compuesto desconocido, seguramente azufre y fósforo.

De Júpiter debemos mencionar la gran mancha roja, otra apología espacial al color rojo, después de Marte. La gran mancha va variando a lo largo del tiempo. Pasa por un intenso color rojo hasta casi desvanecerse en un rojo pálido, su tamaño actual es aproximadamente de dos tierras y media y dentro de ella se alcanzan vientos de unos 400km/h.

Y por último no podemos abandonar Júpiter sin mencionar las impactantes fotografías de la sonda Juno (Que ilustra la portada de este artículo) donde muestra un intenso color azul en el polo sur del planeta. Aunque resultan espectacularmente bonitas, NASA advirtió que se tratan de fotografías con colores mejorados.

 

Saturno fotografiado en 2008 por la Sonda Espacial Cassini

Saturno

Viajemos un poco más lejos, hasta el planeta Saturno que nos hace un regalo visual cada vez que lo observamos con su majestuosa forma y su color dorado. Saturno está formado principalmente por helio e hidrógeno, al los que acompañan otros elementos en menor cantidad, como el amoniaco.

El hidrógeno dota a las nubes del planeta un color rojizo, sin embargo, quedan cubiertas por una capa de amoniaco que al entrar en contacto con el ultravioleta del sol torna a un color blanquecino. La combinación de estas dos capas superpuestas da como resultado los tonos ocres, dorados y amarillo pálido que observamos tanto a simple vista como a través de las fotografías.

Urano en 1986 por la sonda espacial Voyager 2.

Urano

Y pasemos a los planetas azules. Urano, el gigante gaseoso helado que sigue en la lista a Saturno está formado  de hidrógeno, helio, amoniaco, agua, ácido sulfhídrico y otros compuestos en menor cantidad. Las fotografías de Urano nos revelan que es un planeta de color muy uniforme y tono azulado.

 

Neptuno

Para terminar pongamos la vista en Neptuno. Un planeta muy similar a su gemelo Urano tanto en composición como en color.  Aún así vemos una clara diferencia, Neptuno presenta un color azul mucho más intenso, similar al azul índigo o azul ultramar. Esto es debido a que tiene una proporción de metano y amoniaco mucho más alta y al estar más alejado del sol nos ofrece un azul más oscuro.

 

Como ya sabéis, por el artículo «Redescubriendo el Sistema Solar» la lista de vecinos planetarios es cada vez más larga y entre satélites y planetas enanos podríamos seguir analizando objetos pero, por ahora, vamos a concluir este análisis colorímetrico en los planetas clásicos. Aún así, antes de despedirme, tengo una última curiosidad que contaros. Si hablamos de planetas y colores debemos poner también la mirada en la paleta de los pintores. 

Muy brevemente contado, las pinturas están compuestas de tres componentes, los pigmentos, los aglutinantes y los disolventes. Los pigmentos son aquellos componentes (orgánicos o inorgánicos) que dan coloración a la pintura. Normalmente reciben sus nombres por el lugar donde se han descubierto pero hay algunos casos excepcionales que dentro del contexto de este artículo llaman mucho la atención. Por ejemplo:

  • El rojo de Saturno, un pigmento de color rojo anaranjado, también llamado Minio. Está elaborado con tetraóxido de tripolomo y muchos pintores lo utilizaban como base, secante de otros colores o simplemente para mezclar con otros colores (ya que era un pigmento muy barato).
  • Cinabrio de Saturno, se trata de amarillo de plomo-estaño, un amarillo de color claro elaborado con dióxido de plomo-estaño. Su origen está en los hornos de vidriar de los alfareros.
  • Pigmentos Marte (Amarillo y rojo): En el siglo XVIII parece que se consiguieron los primeros preparados de pigmentos de hierro amarillos por precipitación, a partir de él se han obtenido otros colores, es lo que hoy conocemos como pigmentos Marte.

Y entre planetas y colores me despido,espero que este artículo os haya resultado útil y curioso. Un saludo para todos, sed felices, nos vemos en las redes.

 

Saray de la Hoz

Saray de la Hoz

Experta en comunicación y divulgación. No hay un solo rincón de internet que se le escape. Las redes sociales y los medios online son su hábitat; la astronomía su pasión.

3 Comments

  • Gus dice:

    Oh, realmente sí que podemos hacernos una idea extremadamente precisa del color!
    No exhaustivamente, por ejemplo, quizás una cámara convencional está diseñada para aproximar los colores percibidos por el ojo humano (es una tarea que se hace principalmente en las unidades de procesado -prácticamente magia-) pero los instrumentos que integra habitualmente una sonda no se parecen en absoluto.
    Citas JunoCam, por ejemplo, que no fue diseñada como un experimento científico (se añadió para que aficionados pudieran procesar sus datos). Esta opera como la mayor parte de sensores satelitales, superponiendo secuencialmente una serie de filtros a un sensor (las cámaras convencionales integran filtros separados para cada uno de los fotodiodos y se efectúa una única captura). Ahora bien, las características radiométricas de estos sensores son conocidas. Es más, los datos brutos que entrega incluyen otras características extrínsecas de modo que uno puede aproximar una imagen en color a aquella percibida por un ojo humano y, al contrario que este, no se satura y su respuesta espectral es conocida (sin, por ejemplo, un cerebro que añade colores basados en sus conocimientos previos cuando las condiciones de iluminación son pobres) incluso en resoluciones espectrales menores que el ojo humano, y capaces de representar más colores de los que este puede percibir.
    Y JunoCam es un ejemplo barato y ya anticuado, pero estas capacidades son críticas en instrumentos como MSI de los satélites Sentinel 2, donde la corrección del color debe hacerse también en función de la posición del satélite, del sol, del estado de la atmósfera… Lo que permite obtener representaciones de color que son mucho más precisas que las que el ojo humano podría adquirir.
    Esto conduce a varios problemas, por ejemplo: Que (como bien has dicho) el color tiene un elevado componente subjetivo (incluso porcentajes significativos de la población exhiben diferentes tipos de cegueras de color) así que no nos servirían para mucho y por eso esos datos deben de ser necesariamente procesados, lo que implica mucho más que una calibración y composición simple y, por otro lado, tampoco serían muy interesantes. Además surgen otros problemas como la dificultad de comprimir el enorme rango dinámico en una imagen (aunque tu cortex visual no tuviera problemas para formarse una imagen vívida de la escena real). Supongo que lo impreciso en este caso es la visión humana.

  • Francisco dice:

    Interesante.
    Sólo un apunte: Los colores «rojo saturno» o «cinabrio de Saturno» no tienen mucho que ver con el planeta, sino con su composición química. Los antiguos alquimistas identificaban el plomo con el símbolo de Saturno, y eso por eso que se les llama así, porque en su composición entra el plomo. De hecho, a la intoxicación por plomo se la llama «saturnismo», y es una enfermedad que han padecido muchos pintores por chupar los pinceles para afilar su punta.

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